Con las altas temperaturas del verano las piscinas se convierten en una de las instalaciones de ocio más frecuentadas. Las sustancias químicas, como el cloro, que se vierten en estas instalaciones para higienizar el agua pueden favorecer a la aparición de conjuntivitis irritativas que tienen una mayor incidencia entre los meses de junio y septiembre.

 

Algunos de los síntomas que alertan este tipo de dolencias son enrojecimiento, escozor ocular, sensación de cuerpo extraño, lagrimeo o hipersensibilidad a la luz. En el caso de detectar alguna de estas manifestaciones, es importante acudir a un especialista para que confirme los síntomas y nos indique el tratamiento más adecuado. 

 

Para evitar el desarrollo de estas irritaciones e infecciones es fundamental que extrememos las medidas de higiene y protección, como utilizar siempre gafas de buceo y proteger los ojos con gafas de sol de calidad, envolventes y con lentes que posean filtros solares para evitar la radiación UVA y UVB de los rayos solares. Por último, las personas que utilizan lentillas no deben bañarse con ellas puestas, ya que pueden contraer estas infecciones con mayor facilidad. También deben lavarse bien las manos antes de manipularlas para evitar ensuciarlas.